Desde junio de 2013, ninguna vivienda puede anunciarse legalmente en venta o alquiler en España sin contar con un certificado de eficiencia energética en vigor. A pesar de los años transcurridos, sigue siendo uno de los documentos que más propietarios olvidan tener listo cuando deciden vender, muchas veces porque desconocen que su validez tiene fecha de caducidad.

Qué es y qué mide

Es un informe técnico que evalúa el consumo energético y las emisiones de CO₂ de una vivienda en condiciones normales de uso, y lo traduce en una etiqueta energética de la A (más eficiente) a la G (menos eficiente), similar a la que se ve en electrodomésticos. Tiene en cuenta factores como el aislamiento del edificio, el tipo de ventanas, la orientación, la instalación de calefacción y el sistema de agua caliente, entre otros parámetros técnicos que el certificador introduce en el software oficial.

Quién puede emitirlo

Debe realizarlo un técnico competente (arquitecto, arquitecto técnico o ingeniero habilitado) que visita la vivienda, recoge los datos constructivos y de instalaciones, y genera el certificado con un software oficial reconocido por el Ministerio para la Transición Ecológica. Después, el certificado debe registrarse en el organismo correspondiente de cada comunidad autónoma —en Cataluña, el Institut Català d'Energia (ICAEN)— para tener validez legal y poder anunciar la vivienda con normalidad.

Vigencia y coste

El certificado tiene una validez de 10 años desde su registro, salvo que se hagan reformas relevantes que cambien la eficiencia energética de la vivienda, en cuyo caso conviene renovarlo antes para que la etiqueta refleje la mejora real conseguida. Su coste varía según la superficie y complejidad de la vivienda, y conviene pedir presupuesto a varios técnicos, ya que no está sujeto a un arancel fijo como la notaría y los precios pueden variar de forma notable entre profesionales.

Cómo mejorar la calificación antes de vender

Aunque no siempre es rentable acometer obras solo para mejorar la etiqueta energética, algunas medidas de bajo coste —como cambiar bombillas por LED, sellar juntas de ventanas o mejorar el aislamiento de puertas exteriores— pueden influir en el resultado final del certificado sin suponer una inversión relevante. En viviendas orientadas a un perfil de comprador muy sensible al gasto energético, una etiqueta mejor puede ser un argumento adicional de venta.

Diferencias entre certificado energético para venta y para alquiler

El documento y el procedimiento son los mismos tanto si la vivienda se destina a venta como a alquiler, pero conviene recordar que en el caso del alquiler el certificado debe entregarse igualmente al inquilino antes de firmar el contrato, y su ausencia puede dar lugar a las mismas sanciones administrativas que en una compraventa. Muchos propietarios que alquilan olvidan este requisito por creer que solo aplica a la venta.

Qué pasa si no se tiene

Anunciar una vivienda sin certificado energético es una infracción administrativa que puede conllevar sanciones, y en la práctica los principales portales inmobiliarios exigen incluir la etiqueta energética para publicar el anuncio. Además, muchos compradores lo piden directamente como parte de su criterio de decisión, sobre todo en viviendas más antiguas donde el gasto en calefacción puede ser significativo a lo largo del año. En InmoxCity gestionamos la obtención de este certificado como parte del proceso de captación, para que la vivienda pueda publicarse sin retrasos desde el primer día.