Cada visita es una oportunidad limitada: el comprador se forma una opinión en los primeros minutos, y esa primera impresión es difícil de revertir después, por muy buena que sea la distribución real de la vivienda. Preparar bien la vivienda antes de cada visita no cuesta dinero, solo tiempo, y es una de las variables que más influye en si esa visita termina en oferta o no.
Antes de que llegue el visitante
Ventila la vivienda al menos 15 minutos antes, aunque haga frío: el aire viciado es de las primeras cosas que se nota al entrar, incluso antes de fijarse en la decoración. Recoge ropa, platos y objetos personales de encimeras y superficies visibles. Sube todas las persianas y enciende las luces, incluso si es de día, para que ningún rincón quede en penumbra y la vivienda se perciba más amplia y luminosa de lo habitual.
Zona por zona
En el salón, retira el desorden de mesas y estanterías y deja los cojines y textiles ordenados. En la cocina, despeja la encimera de electrodomésticos pequeños que no se usan a diario, ya que una encimera despejada transmite sensación de más espacio de trabajo disponible. En los dormitorios, haz la cama y guarda ropa que esté fuera del armario. En el baño, retira objetos de higiene personal de la vista y asegúrate de que no queden restos de humedad o cal visibles en la grifería, un detalle que muchos compradores interpretan como falta de mantenimiento general.
Durante la visita
Es recomendable que, si es posible, el propietario no esté presente o mantenga una distancia discreta: muchos compradores se sienten incómodos comentando en voz alta los defectos de la vivienda delante de su dueño, y eso limita la información que el agente puede recoger para ajustar después una oferta con conocimiento real de qué está frenando la decisión. Deja que sea el agente quien guíe la visita, marque el ritmo y responda a las preguntas técnicas sobre comunidad, suministros o estado del edificio.
Errores que restan puntos sin que el propietario se dé cuenta
Mascotas sueltas durante la visita, televisión o música de fondo encendida, o coincidir varias visitas seguidas sin margen entre ellas para ventilar y reordenar son errores frecuentes que restan profesionalidad a la presentación de la vivienda. Programar las visitas con margen suficiente entre una y otra permite mantener siempre la vivienda en su mejor estado posible, en lugar de enseñarla ya cansada tras varias visitas consecutivas el mismo día.
Casos particulares: viviendas ocupadas por el propietario durante la venta
Cuando el propietario sigue viviendo en la vivienda mientras se realizan las visitas, el reto de mantener el orden constante es mayor. En estos casos ayuda tener preparada una rutina rápida de 10 minutos antes de cada visita —recoger superficies, hacer camas, ventilar y encender luces— convertida casi en un hábito, en lugar de intentar una limpieza a fondo cada vez, algo poco realista si las visitas se concentran en pocas semanas.
La fotografía como primer filtro
Antes de que exista una visita física, existe casi siempre una visita "virtual": el comprador decide si le interesa ver el piso en persona a partir de las fotos y el vídeo del anuncio. Por eso el orden y la luz no son solo relevantes para el día de la visita, sino sobre todo para el momento en que se hace el reportaje fotográfico. En InmoxCity coordinamos esta preparación junto al propietario antes de la sesión de fotos profesional y el tour 3D, para que el anuncio online ya despierte el interés real de comprador desde el primer clic.